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| Imágen: Anhelos del Reino |
(Los Guayos, 27 de mayo de 2015) Aunque Jesús entregó su vida y derramó su sangre hace más de
dos mil años, ese poder continúa vigente; Cristo fue producto de un plan perfecto
de Dios. Es por ello que no escatimó entregarlo en manos de pecadores para que
ese fin se llevara a cabo, de esta manera Jesús suplantó el lugar de un cordero
y en función de sacrificio derramó su sangre por nosotros para limpiarnos de
todo pecado.
En la biblia, se habla de la sangre de Cristo 427 veces,
aludiendo que a través de ella obtenemos sanidad, liberación, protección, salvación
entre tantas cosas que Dios permitió que su hijo nos regalará; es ella la que
mantiene vivo al cristianismo, así como la sangre fluye por el cuerpo físico de
la misma manera lo hace por la palabra de Dios dando vida a todo aquel que la
cree y medita en ella.
Cristo, por el contrario, al presentarse como sumo sacerdote
de los bienes definitivos en el tabernáculo más excelente y perfecto, no hecho
por manos humanas (es decir, que no es de esta creación), entró una sola vez y
para siempre en el Lugar Santísimo. No
lo hizo con sangre de machos cabríos y becerros, sino con su propia sangre,
logrando así un rescate eterno.
Hebreos 9:11-12 (Nueva Versión Internacional).
Con Información de: Heraldo Cristiano Internacional.
Correo electrónico: erdy.losguayos@gmail.com

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